Tratamiento de la ansiedad en Chamberí

Tipos de problemas de ansiedad

Ansiedad Generalizada

La preocupación permanente sobre diferentes actividades y sucesos cotidiano, laborales, familiares, en el trabajo, académicas y de pareja.  

Fobias

Miedo intenso a situaciones que no suponen un peligro real como los aviones, los coches, animales, las agujas, el transporte público, entre otros.

Miedo a hablar en público

Miedo intenso a conferencias, reuniones, presentaciones y situaciones donde la persona se siente expuesta.

Ataques de pánico

Crisis de angustia repentina, con fuertes sensaciones de terror por miedo a la muerte o porque tienen la idea de que se va a producir, de forma inminente, una catástrofe.

Trastorno Obsesivo Compulsivo

Pensamientos obsesivos e involuntarios sobre un tema concreto, que generan malestar y que se siguen de una acción para aliviarlos.

Fobia social

Miedo y vergüenza intensos y desproporcionados en las situaciones sociales que impide desarrollar relaciones.

¿Qué es la ansiedad?

La ansiedad es una reacción normal que nos pone en alerta ante un posible peligro para que podamos defendernos y protegernos. Es útil porque nos permite sobrevivir y resolver eficazmente situaciones de amenaza; aumentando la tasa cardiaca, mandando más sangre a los músculos para escapar o enfrentarse, o agudizando los sentidos para controlar el peligro. Esto es lo que se conoce como la respuesta de estrés, que se dispara en situaciones nuevas o cambiantes, cuando los falta información, la situación es impredecible, incierta o ambigua; o cuando estamos recargados. Gracias a esta rápida respuesta del organismo, podemos orientarnos a la fuente de estrés para enfrentarla, y a la fuente de peligro para identificarla y actuar para ponernos a salvo.

Sin embargo, el estrés constituye un problema de ansiedad cuando la respuesta de estrés se prolonga y mantiene en el tiempo, no llegando a desactivarse pues se alimenta con pensamientos y creencias, emociones y actos; y por tanto no siento útil para afrontar la situación porque la amenaza es imaginaria o fantaseada. Entonces, hablamos propiamente de ansiedad, que aparece en situaciones que no suponen un riesgo real, y el temor a esa situación es intenso.

La preocupación excesiva e incontrolable es una de las características principales y diferenciales de la ansiedad y de los trastornos derivados y relacionados con ella. Se acompaña de síntomas adicionales: inquietud o nerviosismo intenso, sentirse fatiga con facilidad, dificultad para concentrarse o dejar la mente en blanco, irritabilidad, trastornos del sueño, tensión muscular, que habitualmente se acompaña con dolores y provoca que la persona tenga

La preocupación no es un fenómeno exclusivamente patológico, ya que todas las personas se preocupan con cierta frecuencia, la preocupación generalizada y excesiva se ha constituido en la característica nuclear de la ansiedad y de los trastornos derivados de esta, cadenas de pensamientos e imágenes de carácter negativo y relativamente incontrolables que representan un intento de la persona, por resolver mentalmente un problema cuyo resultado es incierto pero que contiene la posibilidad de uno o más resultados negativos

La preocupación es un continuo que, en su polo no patológico, cumple importantes funciones para la persona, como la previsión de amenazas potenciales reales y la preparación para afrontarlas, y en su polo patológico, se vincularía a ansiedad elevada, malestar emocional o intentos fallidos por resolver problemas.

 

Síntomas

La ansiedad se manifiesta a nivel cognitivo, fisiológico y motor, pudiendo actuar de manera independiente o combinado, desencadenándose por estímulos internos como sensaciones, emociones, sentimientos y/o pensamientos, tanto por factores externos que estimulen a la persona, siendo capaz de evocar as manifestaciones de cualquier de estos niveles como pueden ser:

  • Anticipaciones amenazantes
  • Pensamientos automáticos negativos
  • Paralización o sobre activación motora
  • Evitación
  • Agresividad
  • Comportamiento defensivo
  • Sobre activación del sistema nervioso, etc.

Las manifestaciones físicas, suelen ser la señal de alarma que la persona identifica siendo las más frecuentes:

  • Taquicardias
  • Sudoración
  • Inquietud, necesidad de moverse
  • Paralizarse, quedarse bloqueado y/o congelado
  • Sensación de mareo
  • Tensión muscular
  • Fatiga
  • Problemas relacionados con el sueño, tanto conciliación, mantenimiento, como sueño reparador

Estas manifestaciones físicas, se pueden acompañar de más somatizaciones principalmente migrañas y enfermedades estomacales y/o intestinales, cuando los síntomas prevalecen en el tiempo.

 

¿Cómo aparece la ansiedad?

Hay factores que predisponen, desencadenan y mantienen la ansiedad.

Sobre los factores predisponentes, son aquellos asociados con nuestros progenitores que pueden favorecer el desarrollo de la ansiedad, como puede ser que uno de los progenitores lo padezca o que durante le embarazo la madre padezca situaciones de estrés agudo.

El estilo de crianza es otro de los factores predisponentes, como la no disponibilidad de los padres, la exigencia en la infancia, un estilo de crianza autoritario, poco afectivo, son factores que pueden influir en la aparición de la ansiedad.

 

Respecto a los factores desencadenantes, encontramos:

  • Estrés: El mantenimiento de situaciones con elevados niveles de activación nerviosa y la aparición de estos de manera imprevista, tanto en el ámbito profesional como personal, desencadenan una respuesta nerviosa adaptativa en la persona, que, si se mantiene en el tiempo, afianzará la sintomatología ansiosa en la personal.
  • Inseguridad: Cuando la persona tiene poca confianza en sí misma, en lo hace en lo que cree, ante la toma de decisiones, ante situaciones en las que tiene que actuar rápidamente, se puede ver bloquear por toda la sintomatología comentada anteriormente.
  • Baja autoestima: El valor que la persona se da a sí misma y a sus acciones ayuda a mantener los niveles de ansiedad dentro de unos baremos adaptativos, cuando se siente inferior al resto, cuando cree que no es suficiente, etc., es una máscara que en muchas ocasiones no puede mantener para siempre.
  • Trauma: Haber estado expuesto a situaciones traumáticas, puntuales o prolongadas en el tiempo, puede provocar efectos silenciosos en la persona, que se expresen entre otros en forma de ansiedad.
  • Exposición pública: Tener que hablar públicamente provoca rechazo en muchas personas, desencadenándose una reacción fisiológica, en las que a veces la persona cree que estar sufriendo un infarto.

Por último, hay factores de mantenimiento de la ansiedad, que pueden conducir al desarrollo de trastornos relacionados con ella; como el enmascaramiento de los síntomas con otras enfermedades y trastornos, con estrés, con un periodo en el que la persona se siente más preocupada, por lo que uno mismo no se presta toda la atención necesaria, sin darse cuenta.

 

Cómo trabajamos

Información

Informar y explicar al paciente y su familia qué es la ansiedad y qué le pasa, para que puedan entenderle y acompañarle.

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Evaluación

Evaluar el problema de ansiedad que presenta la persona, delimitando en qué situaciones se produce, de qué va acompañado y qué consecuencias tiene. Además también se explora la historia de su ansiedad y si existen otros problemas añadidos. 

Bienestar

Buscamos una mejoría en el manejo de los síntomas de ansiedad a corto plazo, para que la persona pueda recuperar la iniciativa y esto le ayude a iniciar el tratamiento para su bienestar a largo plazo. Por ejemplo, bajando la frecuencia y la intensidad de las crisis. 

Terapia psicológica

Para el tratamiento de la ansiedad según la problemática concreta y cada caso, empleando técnicas de última generación para el tratamiento de la ansiedad. 

Farmacología

Seguimiento por un psiquiatra especialista en ansiedad, en los casos que sea necesario el uso de fármacos.

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Recaídas

Prevenir recaídas para futuras crisis identificando los disparadores de las crisis de ansiedad. 

¿Qué puedo conseguir con el tratamiento?

Lo que podrás conseguir será recuperar tu vida, la confianza en ti mismo/a, poder anticiparte a situaciones sin quedarte paralizado/a o querer huir. Diferenciar la preocupación patológica de la adaptativa y poder gestionar tus emociones en los momentos de mayor estrés. Retomar las riendas de tu vida y poder tomar decisiones desde ti, no desde la ansiedad.

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